Revista de Análisis de Fondo- Raf-Tulum

diciembre 18, 2008

Tulum: Edición No. 41 (Diciembre, 2008)

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Tulum: Repensando la Realidad Social Latinoamericana.

 

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Huberto Estrada Soberanis (1953-2007) 

 

 

Revista de Análisis de Fondo

RAF-TULUM

Edición No. 41

(Diciembre, 2008)

 

Contenido:

 

1- EDITORIAL.

2-.”HAMBRE: EL COSTO SOCIAL DE LA CODICIA”

Por: Dr. Víctor Ferrigno (jurista).

3. ARGENTINA:  INVESTIGACIONES HISTORIOGRÁFICAS.

Por: Omar Horacio Alcántara (historiador)

4. “ARTÍCULOS  (3) EN TORNO A LA POLÉMICA  RELACIONADA CON EL ESCRITOR SERGIO RAMIREZ MERCADO.

5. ESPAÑA: EL COLEGIO DE AMÉRICA.

(Becas Online e inicios de programas 2009).

6. “NO HE PERDIDO LA MEMORIA”.

Fernando López Romero

Decano de la Facultad de Ciencias de Comunicación Social.

    Universidad Central del Ecuador/ Boletín INREDH.

 

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Editorial

 

La presente edición de la revista “Tulum” está dedicada a la memoria del amigo y compañero Huberto Estrada Soberanis, quien el pasado día 15 de diciembre del presente, cumplió un año de haber fallecido.

Quienes tuvimos la suerte de haberlo conocido y tratado en diversos ámbitos de la existencia humana, le recordamos como el brillante jurista, economista y escritor, pero por sobre todo, por sus cualidades humanas e inclinaciones revolucionarias.

Desde ésta modesta revista (de la cual él fue un activo colaborador), continúa firme y fresco el compromiso por recordarlo, y hacerlo precisamente, de la forma que mejor le hubiera agradado; de una manera activa, analizando y proponiendo salidas a las agudas problemáticas que tanto le preocuparon y ocuparon.

De igual manera, y a título personal, como principal responsable de esta publicación, reafirmo mi compromiso por continuar recopilando, analizando, sintetizando y publicando la extensa producción profesional y literaria escrita por Huberto, tarea que nos hará rescatar parte de su pensamiento crítico y creativo, desarrollado por Huberto en su momento, en torno a un conjunto de temas que continúan siendo de una enorme actualidad.

Saludos maestro, desde cualquier parte del universo desde el cual continués “echando punta”.

Y a todos nuestros lectores y lectoras, les deseo un activo, lúcido, saludable y productivo año 2009. 

 

Fraterno,

 

Sergio Barrios Escalante
Editor/responsable de la Revista de Análisis de Fondo “RAF-TULUM”.

 

 

 

 

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Hambre: el costo social de la codicia. 

La variabilidad de los precios del maíz y sus efectos sociales en Mesoamérica.

 

 

Por Víctor Ferrigno F.

Director Ejecutivo de la Mesa Nacional Alimentaria[1].

Asesor de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas.

Guatemala.

 

“Controla el petróleo y controlarás a las naciones; controla los alimentos y controlarás a los pueblos“.

Henry Kissinger.

 

 

•I.                 Presentación.

 

Hoy día, abundan los informes y datos sobre el hambre en el mundo; ninguno podrá reflejar con fidelidad el dolor humano que este fenómeno entraña, y muchos no denuncian que la hambruna es un crimen de lesa humanidad, provocado por un modelo económico excluyente, que privilegia las utilidades de unos pocos, sobre la vida de muchos.

 

Nunca, en su devenir histórico, la humanidad tuvo una capacidad tan alta para producir alimentos, gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología; sin embargo, en ningún tiempo fue tan desigual la distribución de la riqueza, provocando que en los países desarrollados la obesidad sea un problema masivo, mientras que la hambruna se ha convertido en una pandemia en el resto del mundo.

 

El fenómeno de la mundialización ha provocado que el paradigma de la aldea global sea una realidad,  para bien o para mal. Así, la producción mundial, llevada a su paroxismo en el hemisferio norte, ha generado grandes cambios climáticos que afectan la producción de alimentos en todo el orbe y, además, demanda recursos naturales, materias primas y carburantes exponencialmente, disputándoles suelos, agua y biodiversidad a los campesinos.

 

De igual manera, la globalización de la economía -la real y la especulativa- ha incidido devastadoramente en la producción alimentaria mundial, promoviendo modelos de crecimiento económico que desincentivan la agricultura, encarecen el crédito,  concentran la tierra y el mercado, y sobreexplotan la mano de obra rural, generando pobreza extrema, exclusión, migración y hambruna.

 

De todo ello se culpa a la globalización, como si ésta tuviera vida propia; así, mediante un eufemismo, parece olvidarse que este fenómeno mundial es producto de políticas públicas generalizadas, que imponen los centros del capitalismo hegemónico, a través de organismos internacionales y gobiernos obsecuentes, logrando que las legítimas aspiraciones de progreso y desarrollo se conviertan en una gran estafa civilizatoria, en la que el hambre de 900 millones de seres humanos representa su expresión más álgida.

 

En ese contexto, las presentes notas buscan explicar la incidencia de la variabilidad de los precios de los alimentos, particularmente del maíz, en el fenómeno de la inseguridad alimentaria, con énfasis en Mesoamérica y Guatemala.

 

Aunque no es su propósito central, se abordará someramente la fluctuación de precios de los alimentos en el ámbito internacional, con el objetivo de dimensionar sus efectos en la región mesoamericana, pues se trata de un fenómeno mundial, con consecuencias desiguales en cada país.

 

Cabe advertir que el ensayo fue escrito justo después de la debacle financiera estadounidense de septiembre de 2008, considerada por los expertos como la peor crisis del capitalismo después de la Gran Depresión, un fenómeno que por su inmediatez aún no permite preveer su cabal profundidad y extensión, ni sus efectos precisos en la producción y comercialización alimentaria. Además, como señala Gustavo Esteva[2], “Nadie sabe con certeza qué fue lo que murió en la peor crisis económica desde 1929″. Así que, hecha la prevención, conviene mantener una observancia crítica al tema alimentario, aunque las previsiones no son nada halagüeñas. 

 

 

•II.             La dimensión de la subnutrición y el alza de precios de los alimentos.

 

El fenómeno del hambre -y sus diferentes gradaciones, como la subnutición[3]– es tan antiguo como la humanidad y depende de muchos factores; la incidencia de la fluctuación de precios de los alimentos en el mismo ha sido determinante en los últimos tiempos. Sin embargo, dicho incremento se manifiesta en un contexto de inseguridad alimentaria que afecta casi a una sexta parte de la humanidad, razón por la cual tiene una importancia de primer orden y es necesario contextualizarlo.

 

•1.          La dimensión temporal, territorial y socio-política del fenómeno.

En el pasado reciente, el fenómeno de la inseguridad alimentaria fue abordado de manera global e integral en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 1996), estableciéndose un Plan de Acción, basado en siete grandes compromisos, con el propósito de reducir a la mitad el número de personas subnutridas en el mundo para el año 2015; no es pues, un fenómeno de nuevo cuño.

 

La FAO[4], el órgano de la Organización de Naciones Unidas -ONU- para la Agricultura y la Alimentación, fue comisionada para darle seguimiento al cumplimiento de dicho Plan de Acción. En el informe de 2006 de la FAO Sobre el Estado de la Inseguridad Alimentaria Mundial se reportó que, tomando como referencia los índices del período 1990-92, solamente tres (3) millones de personas habían salido de la subnutrición en los países en desarrollo, después de trece años de esfuerzos. A esta decepcionarte cifra, sin embargo, se aunó otra de rasgo positivo: el porcentaje de personas hambrientas se redujo del 20% al 17% en esa misma parte del orbe.

 

En términos mundiales, la FAO[5] estima que 863.9 millones de seres humanos se encuentran en condiciones de inseguridad alimentaria, de los cuales 760.5 millones (88%) se ubican en la categoría de los Países Menos Desarrollados, y solamente 10.9 millones (1.26%) en los Países Desarrollados. Esto significa, obviamente, que el incremento de los precios de los alimentos afectará más a los habitantes del Tercer Mundo, donde los pobres invierten más del 60% de su ingreso en alimentación.

 

El 13 de febrero de 2008, la FAO anunció que 36 países se encuentran en crisis como resultado del alza reciente en los precios de los alimentos y requerirán asistencia del exterior. En muchos de estos países, la inseguridad alimentaria se ha visto empeorada por los conflictos, las inundaciones o situaciones climáticas extremas.

 

A continuación se consigna el Mapa del Hambre, elaborado por la FAO para el período 2002-2004:

 

  

 

En el anterior contexto, es igualmente importante destacar que el aumento de precios de los alimentos, exacerbado de 2007 a la fecha, es un fenómeno que los organismos mundiales han venido estudiando con preocupación desde hace años, pero las acciones de política pública internacional han sido tibias, parciales e insuficientes para frenarlo.

 

En la siguiente gráfica, del Banco Mundial, éste organismo consigna que, del año 2000 al 2007, el incremento de precios de los alimentos alcanzó un alarmante 75%, llegando al 83% a febrero de 2008. Lógicamente, no  reconoce la responsabilidad institucional en el fenómeno, por impulsar -o imponer- políticas de ajuste estructural, primero, y de liberalización comercial extrema, después, sin enfrentar con el mismo ímpetu las políticas de subsidios a la agricultura en los países desarrollados.

 

 

 

Otro aspecto a destacar es que, a pesar del descomunal incremento de precios, el costo real de los alimentos dista mucho de haber alcanzado el pico registrado a mediados de los años 70s, tal como se evidencia en la gráfica al pie. La enorme diferencia radica en que el alza actual se da en el contexto de la peor crisis del sistema capitalista desde 1929, con sus previsibles consecuencias.

 

 

 

Finalmente, es importante dimensionar el impacto macro del alza de precios de los alimentos en la balanza de pagos, la inflación, los índices de pobreza y la política fiscal de los países en desarrollo.

 

Según el FMI[6], en los países de bajo ingreso, por ejemplo, el impacto bruto del encarecimiento de los alimentos, entre enero de 2007 y abril de 2008, equivalió a más del 0.5% del PIB, y si el alza continúa, las balanzas de pago de muchos países se verán seriamente comprometidas. Agrega que 37 países de bajo ingreso y 25 países de ingreso mediano carecerán de reservas suficientes (tres meses) si se produce un shock combinado de precios tanto de los alimentos como de los combustibles.

 

El organismo internacional agrega que “Los alimentos tienen un efecto más marcado que los combustibles en la inflación: en promedio, la ponderación de los alimentos en el índice de precios al consumidor es más de cinco veces mayor que la de los combustibles (37% y 7%, respectivamente)”. Tales efectos pueden apreciarse en la siguiente gráfica:

 

 

 

En cuanto a la pobreza, el estudio del Fondo señala que en las economías emergentes, los alimentos por regla general absorben más del 25% del gasto de los hogares, y en muchos países en desarrollo, más del 50%, por lo que la subida de precios afecta gravemente la economía familiar, particularmente de los pobres del área urbana, que no producen alimentos. Considera, asimismo, que el porcentaje de subnutrición podría elevarse rápidamente por encima del actual 40% de la población total de los países en desarrollo. “Una marcada dependencia de las importaciones, sumada a una elevada incidencia de la pobreza, agudiza la vulnerabilidad al encarecimiento de los alimentos”.

 

En relación con la cuestión fiscal, el FMI informa que los países han aplicado una variedad de medidas fiscales, tanto del lado del ingreso como del gasto, para mitigar el impacto del aumento de precios de alimentos y combustibles. Advierte que el costo fiscal que acarrean estas medidas muchas veces es sustancial: “en unos 29 países ya supera el 1% del PIB y los casos más extremos se deben a la ampliación de los subsidios universales del precio de los combustibles. De los 79 países donde los costos fiscales subieron, 50 se clasifican como vulnerables a presiones en la balanza de pagos”.

 

En enero del presente año, Robert Zoellick previno al mundo sobre la dimensión social y política del fenómeno que venimos abordando: “Olvidamos el hambre y la desnutrición en los objetivos del desarrollo del milenio. Esta problemática ha recibido poca atención, pero ante el aumento en los precios de los alimentos y la amenaza que esto representa, no sólo para las personas sino también para la estabilidad política, se ha vuelto urgente otorgarle la atención que realmente requiere”.

 

•2.          Rasgos del panorama mundial

 

“El riesgo (de una hambruna mundial) existe” confirmó, en diciembre de 2007, Jacques Diouf, director general de la FAO en rueda de prensa. Ante tal perspectiva, que según el presidente venezolano Hugo Chávez es resultado del fracaso del modelo capitalista, ya se manifiestan conflictos sociales, que en algunos casos han derivado en disturbios.

 

Como ya se consignó en el apartado anterior, la FAO anunció que 36 países se encuentran en crisis como resultado del alza en los precios de los alimentos y requerirán asistencia del exterior. En muchos de estos países, la inseguridad alimentaria se ha visto empeorada por el conflicto, las inundaciones o situaciones climáticas extremas.

 

La crisis, reconocida por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y las Naciones Unidas (ONU), ha llevado a miles de personas a las calles para exigir medidas urgentes contra esta situación, que incluso amenaza a los mismos gobiernos.

 

El 24 de abril de 2008, se celebró en Panamá la Reunión Extraordinaria del Consejo de Ministros de Salud de Centroamérica (COMISCA); al día siguiente, en la misma ciudad, tuvo verificativo la III Reunión Intersectorial de los Consejos de Ministros de Ambiente, Agricultura y Salud, alcanzando acuerdos dirigidos a desarrollar una estrategia regional focalizada y un plan de acción de seguridad alimentaria y nutricional para enfrentar la crisis del alza de los precios en los alimentos, que complementen la estrategia de intensificación de la producción agrícola presentada por el Consejo Agropecuario Centroamericano (CAC).

 

El Gobierno de Nicaragua presentó la propuesta del “Programa para la Soberanía Solidaria y la Seguridad Alimentaria de los Países de Mesoamérica y del Caribe”, en la reunión de Ministros de Agricultura y Altas Autoridades, celebrada en Managua, el pasado 26 de abril del 2008, la cual está abierta a la incorporación de otros países de la región, en el marco del ALBA.

 

Con la participación de representantes de 21 países, se celebró la XXX Conferencia Regional de la FAO, en Brasilia, en abril del 2008. En ese evento se presentaron los trabajos de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre, basado tres ejes de trabajo: la sensibilización de los sectores respecto al problema del hambre, el reforzamiento de las capacidades de los países para abatir la desnutrición y el monitoreo y análisis de la situación de la Seguridad Alimentaria.

 

Los Jefes de Estado y de Gobierno de las Repúblicas de Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Honduras, Venezuela, Saint Vincent y las Grenadinas, Haití, Guatemala, México, Belice y República Dominicana, se reunieron de emergencia el 7 de mayo del 2008, en la Ciudad de Managua, en la “Cumbre Presidencial sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria: Alimentos para la Vida,” con el fin de “abordar los graves problemas de nuestros pueblos, agudizados por el incremento acelerado en el costo de los alimentos, que ya ha provocado explosiones de violencia social en diferentes países”.

 

En Lima, Perú, el 16 de mayo los presidentes de América Latina, el Caribe y Europa acordaron adoptar medidas inmediatas para enfrentar la crisis alimentaria internacional y sus efectos en la región, alarmados por las cifras oficiales.

 

En Roma, Italia, el 3 de junio de 2008, se inauguró la Conferencia de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria Mundial: los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía.  Durante lo tres días de eventos, cuarenta y dos jefes de Estado y de Gobierno, cien ministros de alto nivel y sesenta organizaciones no-gubernamentales y de la sociedad civil, de ciento ochenta y un países miembros, hablaron de los desafíos que el cambio climático, la bioenergía y el aumento de los precios de los alimentos planteaban a la seguridad alimentaria mundial. La Declaración aprobada por la Conferencia (Argentina, Cuba y Venezuela realizaron cuestionamientos) incluye el reconocimiento de la necesidad de tomar medidas urgentes. Entre las medidas inmediatas se encuentran la ayuda urgente de donantes y del sistema de las Naciones Unidas para los países más vulnerables, y la conclusión de la Ronda de Doha de la OMC para la liberación del comercio agrícola.

 

En el mediano y largo plazo, la Declaración destaca la necesidad de preservar la Biodiversidad como forma de sostener la productividad futura, particularmente frente a la amenaza del cambio climático; la liberalización del comercio internacional de productos agrícolas, eliminando barreras y políticas de distorsión; así como la necesidad de profundizar las investigaciones sobre los agro-combustibles, en el contexto de la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible.

 

Más de 100 organizaciones sociales de todo el mundo organizaron el Foro Paralelo de la Sociedad Civil, llamado “Terra Preta”, expresando a través de un comunicado su frustración con los resultados de la Conferencia de Roma y lamentaron, entre otras cosas, la falta de espacios para la participación de pueblos indígenas, agricultores, pescadores, etc.

 

Más de 100 millones de personas están en riesgo de hambruna, según datos de la ONU; sin embargo, la organización Acción Contra el Hambre plantea que la crisis alimentaria podría afectar a más de 850 millones de seres humanos, principalmente en África, Asia y el Caribe.

 

El Banco Mundial refiere que 33 países afrontan una posible crisis social y política por el aumento en los precios de alimentos, principalmente granos como el trigo, maíz y arroz, que han llegado a los niveles más altos en décadas. El aumento del precio de los alimentos podría significar una “pérdida de siete años” en la lucha contra la pobreza, afirma Bob Zoellick, su director.

 

Entre marzo de 2007 y el mismo mes de 2008, el precio de cereales creció 88%, aceites y grasas 106%, y productos lácteos 48%, según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

 

Adicionalmente, el Banco Mundial indicó que de febrero de 2005 al mismo mes de 2008, el precio del trigo se elevó 181%, mientras que el costo global de alimentos aumentó 83%. Estima que los aumentos en los precios del trigo, el arroz y el maíz les costó el año pasado a los países en vías de desarrollo más de 324,000 millones US$; esta cifra equivale al gasto en asistencia humanitaria de tres años.

 

Jean Ziegler, en el acto de entrega del cargo de Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación calificó, a finales de abril, de “auténtica tragedia” el aumento del precio de los alimentos y pidió fondos suplementarios para atajar el hambre. Culpó del drama a los biocarburantes, a las “políticas aberrantes” del Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la especulación, y acusó a Pascal Lamy,  director de la Organización Mundial del Comercio, de tener una línea de trabajo “totalmente contraria a los intereses de los pueblos mártires del hambre, porque son los pagos proteccionistas los que permiten a los campesinos cultivar alimentos”.

 

El pasado 3 de abril, en Haití, decenas de manifestantes en las ciudades de Les Cayes y  Puerto Príncipe interceptaron camiones que transportaban arroz, para repartirlo.

 

Similares protestas populares se han registrado en Bangladesh, Camerún, Costa de Marfil, Egipto, El Salvador, Etiopía, Filipinas, Guatemala, Honduras, India, Indonesia, Madagascar, Mauritania, Níger, Pakistán, Panamá, Perú, Senegal, Tailandia y Zambia.

 

Para enfrentar la crisis alimentaria, en el caso de Latinoamérica, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) articula diversas estrategias entre las que destaca la concesión de algunos créditos específicos para mejorar la productividad agrícola.

 

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe -CEPAL- el alza intensa y persistente de los precios de alimentos castiga “con especial dureza” a los sectores más pobres de la región.

 

El organismo prevé que la pobreza e indigencia, que afectan al 35.1% y al 12.7% de la población latinoamericana, respectivamente, aumentarán entre dos y tres puntos porcentuales si los gobiernos no actúan.

 

Las 27 agencias humanitarias de la ONU y el Banco Mundial crearon, el 29 de abril, un equipo conjunto de urgencia para atajar la crisis alimentaria mundial, un “desafío sin precedentes y de proporciones globales”, que se cierne sobre millones de personas debido al fuerte y rápido aumento del precio de los alimentos básicos. Para el corto plazo, Ban Ki-moon ha pedido donaciones a la comunidad internacional por 2,500 millones de dólares.

 

En un comunicado con motivo de la 34 Sesión del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO (CSA), del 14 al 17 de octubre, Jacques Diouf señaló que “La gran incertidumbre que envuelve ahora a los mercados internacionales y la amenaza de una recesión mundial puede tentar a los países a establecer medidas proteccionistas y a revisar sus compromisos con la ayuda internacional al desarrollo”.

 

La FAO prevé una caída de los precios de los granos básicos para el 2009, como resultado de la excepcional cosecha del presente año, la baja en el consumo por la falta de poder adquisitivo y la crisis financiera que, ante la falta de liquidez, reducirá la especulación con las cosechas a futuro, por lo menos durante un par de años. Esto provocará una reducción en el cultivo y una nueva escalada de precios que, en el mediano plazo, se sostendrán, ya que las reservas de cereales continúan siendo bajas. En los primeros meses de 2008, las reservas mundiales de cereales descendieron a 420 millones de toneladas, el mínimo histórico desde 1983, anunció Jacques Diouf.

 

“La crisis financiera mundial no debe hacernos olvidar la crisis alimentaria. La agricultura necesita atención de forma urgente y continua para lograr que el hambre y la pobreza rural pasen a formar parte de la Historia”, concluyó Diouf.

 

El anterior es un apretado recuento de hechos sociales y acciones gubernamentales en el que se pone de manifiesto la conciencia mundial sobre un fenómeno de proporciones mundiales y con enormes costos sociales y políticos. “Consideramos que la dramática escalada de los precios de los alimentos en todo el mundo ha evolucionado hacia un desafío sin precedentes de proporciones globales que se ha convertido en una crisis para los más vulnerables del planeta, incluyendo a los pobres de las ciudades”, manifestó la ONU en el comunicado emitido luego de la reunión sin precedentes con 27 de sus agencias, el Banco Mundial y la OMC.

 

Sin embargo, a pesar de las declaraciones, planes de acción y compromisos políticos, las ejecutorias están muy por debajo de las intenciones y, sobre todo, de las necesidades. Oxfam Internacional considera que la respuesta de los países desarrollados a la crisis global de alimentos está siendo inadecuada y, en ocasiones, hipócrita.

 

 

•III.         Las principales causas del alza de precios de los alimentos.

 

•1.    El incremento en la demanda.

 

Por ignorancia o mala fe, muchos analistas y medios de comunicación nos han vendido la idea que la mayor demanda de economías emergentes -concretamente India y China- ha incidido en el aumento general de los precios de los alimentos. Esto es parcialmente cierto para la soya, pues ambos países son exportadores netos de cereales. China se ha convertido en un exportador neto de cereales desde la década de 1990 e India, por su parte, sólo ha sido importador  neto de granos durante el período 2006-2007, desde el inicio del  siglo XXI. 

 

Los estudios[7] de Daryll Ray, investigador de la Universidad de Tennessee demuestran que, entre 1990-2007 la demanda china de cárnicos creció 142 por ciento, pero se cubrió con producción interna y hasta se exportaron excedentes. Ese factor no constituye una presión adicional sobre el mercado internacional de cárnicos.

Entre 1990 y 1999 el consumo de arroz en China pasó de 124 a 134 millones de toneladas; la producción mantuvo el ritmo y China continuó exportando. Después de 2000 la producción doméstica fluctúa, pero siguió cubriendo la creciente demanda y generando excedentes.

 

China cubre su consumo interno de maíz y es un exportador importante (en 2005 exportó 3.5 millones de toneladas). Para el trigo tenemos que a partir de 2000 reduce la producción interna y recurre a sus reservas de trigo para cubrir la demanda. Sin embargo, desde 2005 la superficie cultivada y la producción interna aumentan nuevamente y China vuelve a exportar trigo.

 

“China alimenta a 1.300 millones de habitantes,  mayoritariamente con su producción interna, por lo que contribuye  de ese modo a la seguridad alimentaria global”, enfatizó Sun Zhengcai, Ministro de Agricultura de China, en la Conferencia de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria Mundial: los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía.   

 

Además, hay que recordar que China no es solamente el mayor consumidor de alimentos, sino el mayor productor mundial de los  mismos. Igualmente, hay que tener presente que el auge económico de ambos países comenzó hace cinco lustros, no el año pasado.

 

•2.    Menor producción, liberalización comercial y concentración de transacciones.

 

En relación con la oferta, la FAO[8] reporta que las reservas mundiales de cereales se encuentran en su nivel más bajo de las últimas tres décadas. Sostiene “que la caída de los niveles de existencias contribuye a una mayor volatilidad de precios en los mercados mundiales a causa de las incertidumbres acerca de la adecuación de los suministros en tiempos de caídas de la producción”.

 

Debido a las malas condiciones meteorológicas, la producción mundial de cereales disminuyó en un 3,6 % en 2005 y en un 6,9 % en 2006, recuperándose ligeramente en 2007. Además, los precios del petróleo y los alimentos guardan una elevada correlación. El rápido encarecimiento del crudo ha presionado al alza los precios de los alimentos, a través del aumento de los precios de los fertilizantes, que prácticamente se han triplicado en 2006-08, y los costos del transporte, que se han duplicado en el mismo período.

 

Otro factor que ha incidido determinantemente en la reducción de la oferta alimentaria es la liberalización extrema de los mercados, sin considerar la escala de las economías y manteniendo fuertes subsidios en los países industrializados. Esta indeseable ecuación genera una competencia desleal, que desestimula a los pequeños productores del Tercer Mundo quienes, al no poder competir, pierden sus tierras o emigran.

 

En la Declaración de la “Cumbre Presidencial sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria: Alimentos para la Vida,” los jefes de Estado y de Gobierno evaluaron a cabalidad el fenómeno descrito, considerando “Que los países desarrollados (Unión Europea, Estados Unidos y Japón) mantienen una política de subsidios a la Producción Agrícola que supera los 327 mil millones de dólares anuales, que representan en promedio el 34% de los ingresos agrícolas de esos países; se reporta que [representa] el 21% de los ingresos de los agricultores en EUA; el 35% de los agricultores europeos, y el 59% de los agricultores japoneses, distorsionando gravemente el comercio internacional de productos agropecuarios, convirtiéndose en barreras al comercio justo.


Que la combinación de dichos subsidios con el desproporcionado aumento de los costos de producción, y de precios de los alimentos, agravan esas distorsiones y hacen recaer el mayor peso de la crisis, sobre los países empobrecidos”
.


Igualmente distorsionante para el mercado de alimentos es la concentración de transacciones, en unas cuantas empresas transnacionales. “En este contexto de la economía capitalista financiera, la concentración de la industria agroalimenticia está en su mayoría controlada por solo seis empresas en todo el mundo. Según datos recopilados por el Banco Mundial, las agroempresas transnacionales dominan cada vez más el sector del agronegocio a lo largo de toda la cadena de valor”[9].

 

En ese orden de ideas, señala Humberto Mazzei[10], hay que tener en cuenta la desigual participación en la construcción del precio final que paga el consumidor[11]. Un estudio de IFPRI muestra el poder de las transnacionales para reducir las oportunidades a los pequeños productores en los países en desarrollo:

 

“Entre 2004 y 2006, el gasto global de alimentos creció un 16 %: de US$5.5 millardos a 6.4. En el mismo período las ventas de los insumos agrícolas creció 8%, la de procesadores de alimentos un 13% y las de los principales distribuidores finales crecieron un exorbitante 40%.” En la gráfica siguiente se ilustra que el especulador, sin mayor riesgo, se queda con la mayor ganancia.

 

 

 

•3.    Alza de los precios del petróleo y los fertilizantes.

 

De acuerdo al FMI[12], los precios del petróleo se elevaron de U$ 30.00 dólares el barril a principios de 2003, hasta U$ 130.00 para finales de Junio del presente año, alcanzando un 35% más, en términos de precios reales, del pico registrado en 1979. (Ver gráfica subsiguiente).

 

 

 

 

Aclara, sin embargo, que los precios de los alimentos se dispararon hasta 2006, mucho tiempo después del alza del petróleo, los metales y otros minerales. La aclaración del FMI, por consiguiente, refleja que no existe una relación directa entre el alza de precios del petróleo y el de los alimentos, y permite deducir que intervienen otros factores, como la especulación comercial.

 

En sintonía con lo anterior, en el Congreso Mundial del Petróleo, celebrado en Madrid del 29 de junio al 3 de julio del presente año, el presidente de la OPEP, Chakib Jelil, dijo que alrededor del 60% de la subida del precio del crudo en el último año se debe a la especulación de los mercados, en gran medida por la debilidad del dólar, otro 20% a razones geopolíticas y el resto a otros aspectos como el bioetanol[13].

 

Jelil reiteró que la actual crisis del petróleo está marcada por los mercados financieros y subrayó que el papel de la OPEP es satisfacer la demanda y no fijar los precios. Los precios los fija el mercado, precisó.

 

En consonancia, Martín Gúedez[14] opina que “no hay razones estrictamente de mercado que justifique el aumento permanente y sin límites visibles del petróleo, especialmente cuando al descomponer la estructura de precios de la gasolina -producto final que incide directamente en los costos de producción de alimentos– se encuentra que casi el 80% de su precio se encuentra en factores impositivos y especulativos”.

 

Según las proyecciones del Banco Mundial[15] los precios de la energía y los fertilizantes seguirán siendo altos; éstos últimos ya han aumentado 150% en los últimos cinco años. Esto es de gran relevancia, debido a que el costo del fertilizante representa entre 25% y 30% del costo total de la producción de cereales en Estados Unidos (que abastece 40% de las exportaciones mundiales de cereales). En mi opinión, en Mesoamérica el impacto del incremento de los fertilizantes en el costo de producción de maíz podría ser un 50% más alto aún, considerando el bajo coste de la mano de obra y el modelo de producción campesina imperante en la mayoría de los países de la región.

 

Así pues, el alza del precio de los alimentos se debe, primordialmente, a la especulación comercial de los energéticos, y no tanto al incremento del precio real de los mismos. La reciente caída de los precios del petróleo -alcanzando el mínimo de U$ 60.00 por barril[16]– después de la debacle financiera de septiembre pasado, abona a este análisis.

 

 

•4.    Biocombustibles.

 

La comunidad académica, las organizaciones de ambientalistas y de labriegos, como Vía Campesina, y una gran cantidad de ONGs han alertado desde hace tiempo sobre los efectos que para el medio ambiente y la seguridad alimentaria tiene el la producción de bio-combustibles, sin encontrar suficiente eco en gobiernos y organismos internacionales.

 

Incluso Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, demandó de la comunidad internacional una moratoria total sobre la producción de bio-combustibles, pero su llamado no ha sido escuchado.

 

Sin embargo, la crisis alimentaria ha obligado a que la Secretaria de Estado de EE.UU. y el Banco Mundial terminen aceptando -aunque no frenando- la indeseable incidencia de los biocombustibles en el alza de precios de los alimentos, y que el Director del FMI haya reconsiderado su posición al respecto, por lo que fue felicitado por Jean Ziegler.

 

Condoleezza Rice, reconoció que destinar tierras agrícolas a la producción de biocombustibles puede ser parte de la causa del alza mundial en los precios de los alimentos. “Aparentemente hubo algún efecto, una consecuencia no buscada de los esfuerzos por obtener combustibles alternativos”, dijo Rice en un encuentro, a finales de abril, en Washington, la capital del mayor productor mundial de etanol a partir del maíz[17].

 

Por su parte, el Banco Mundial[18] advierte que también hay probabilidades de que aumente la demanda por biocombustibles. Una cuarta parte del cultivo de maíz en Estados Unidos (11% del cultivo mundial) se destinó a la producción de bio-combustible este año, país que provee más de 60% de las exportaciones de maíz en el mundo. Destaca que Estados Unidos, una de más de 20 naciones que requieren el uso de biocombustibles, acaba de duplicar su mandato sobre biocombustibles para antes de 2015.

 

“El aumento repentino en el uso de biocombustibles empeora aun más las cosas ya que agrega una alta demanda además de los elevados precios y la baja existencia”, señaló Don Mitchell, economista principal en el Grupo de Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial. “El etanol y el biodiésel que se producen en Estados Unidos y la Unión Europea tampoco parecen cumplir con la promesa ‘verde’, lo que genera gran polémica sobre el tema”.

 

Además, el superávit de capacidad de producción es escaso. Las tierras “reservadas” en la Unión Europea, cuyo fin original era mantener bajo el superávit, ya han entrado en producción. Y las tierras para reservas de conservación en Estados Unidos producirían poco, aun suponiendo que se aplicara la legislación que las convierte en tierras productivas, termina previniendo el Banco.

 

En una frase que ha dado la vuelta al mundo, Jacques Diuf resume el fenómeno: “Los alimentos y los combustibles compiten entre sí. Los cereales necesarios para llenar de etanol el tanque de gasolina de un vehículo deportivo utilitario (con 240 kilogramos de maíz se obtienen 100 litros de etanol) pueden alimentar a una persona durante un año”.

 

•5.    Cambio climático.

 

La FAO nos invita a pensar en los alimentos, la energía y el clima como una unidad. Desde esa perspectiva considera que “El cambio climático empeorará las condiciones de vida de los campesinos, pescadores y de aquellas personas que dependen de los recursos forestales o que presentan condiciones de inseguridad alimentaria. El hambre y la desnutrición aumentarán. Las comunidades rurales dependientes de la agricultura en un ambiente frágil enfrentan de manera inmediata el riesgo de fracasar en sus cultivos o pérdidas de su ganado”. 

 

Advierte que “Quienes corren un mayor riesgo son las personas que viven en las zonas costeras, planicies inundables, montañas, tierras secas y el ártico. En general, la gente pobre correrá el riesgo de seguridad alimentaria debido a la pérdida de sus bienes y a la falta de algún tipo de aseguración apropiada”.  

 

Es de primordial importancia tomar en cuenta que el cambio climático afectará de forma particular a las personas vulnerables y los sistemas alimentarios. Los fenómenos climáticos extremos están siendo más frecuentes y más intensos, y tendrán impactos inmediatos adversos para la producción de alimentos, la infraestructura destinada a la distribución de alimentos, a los activos que influyen en los medios de vida, y las oportunidades tanto en las áreas rurales como en las áreas urbanas. 

 

“Cambios sustanciales en temperaturas y en lluvias, el aumento en la variabilidad de climas, y el aumento de los niveles del mar, afectará la sostenibilidad de la tierra para los diferentes tipos de cultivos, pastos, la salud y la vitalidad  de los bosques productivos, e incide en plagas y enfermedades, biodiversidad y los ecosistemas. La pérdida de la superficie agrícola utilizable será mayor, debido al incremento de la aridez del suelo, deterioro de la capa freática, y el incremento del nivel del mar”, termina previniendo la FAO. 

 

 

•6.    Depreciación del dólar.

 

Atenazada por un insoportable déficit fiscal y por un grave desequilibrio en su balanza de pagos, la economía estadounidense ha recurrido a un manido artificio: devaluar su moneda.

 

 Desde que en 1973 los EEUU abandonaron el patrón oro para respaldar al dólar, un número creciente de países adoptó esta moneda como respaldo monetario. De tal suerte que, la devaluación de la moneda estadounidense implica una pérdida directamente proporcional para todos aquellos Estados que la poseen, ya sea como pago por exportaciones al país del norte, o como reservas.

 

El fenómeno es cuantioso: en menos de cuatro años el dólar ha perdido un 60% de su valor, en relación con el resto de monedas duras del mundo, convirtiéndose en una moneda inestable que se deprecia a un ritmo creciente. Esto implica que las descomunales reservas de todos los países del mundo han perdido 60% de su valor en beneficio de la debilitada economía estadounidense.

 

En el ámbito comercial, las exportaciones al mercado estadounidense se encarecen para el consumidor, haciendo competitiva la producción nacional; en cambio, las exportaciones de EEUU al resto del mundo compiten con una ventaja desleal.

 

Para colmo, las economías periféricas están tan ligadas a la estadounidense que China y Europa se han visto obligadas a efectuar grandes operaciones monetarias de salvataje, para preservar sus reservas en dólares y cobrar su facturas comerciales. Esto ha provocado una limitada y momentánea revaluación del dólar.

 

Cabe recordar que los alimentos se cotizan y comercian en dólares; esto ha implicado que los países dependientes que importan alimentos o insumos agrícolas pueden comprar menos productos con monedas respaldadas por el dólar, el cual se ha devaluado significativamente, provocando un enorme alza en los precios reales de los alimentos.

 

Humberto Mazzei[19] señala -y pocos analistas lo hacen- “que el súbito aumento del precio en productos agrícolas, petróleo y materias primas coincide con el súbito colapso del dólar y que esos productos se cotizan internacionalmente en dólares. En un año el precio global de alimentos subió 40% en dólares, el dólar cayó un 28% ante el euro y un 130% con respecto al oro (+$900/onza). ¿Hay una relación allí? “, se pregunta. ¿Ud. que cree?

 

 

•7.    Especulación financiera.

 

Para los especuladores, la crisis hipotecaria, unida a la crisis fiscal de EE.UU., ha convertido en refugio apetecible el mercado de materias primas y alimentos.

 

La economía de papel, es decir el universo de las transacciones financieras, ha migrado hacia el mercado de mercancía a término, equivalente a un mercado en el cual con un 7% de su valor el especulador logra fijar una inversión a futuro, mediante transacciones electrónicas realizadas en segundos, sin la intervención de la economía real.

 

Para los campesinos que no se benefician del alza de precios de los alimentos y para los consumidores pobres de las ciudades que pasan hambre, es muy difícil entender cómo los especuladores pueden enriquecerse con los alimentos que se producirán dentro de un año, al encontrar la manera de generar utilidades, sin producir valor.

 

Esta forma de usura, que generó la reciente debacle financiera mundial, es tan lucrativa como inmoral. Por ejemplo, una empresa comercializadora celebra un contrato con una cooperativa de productores de maíz para las tres próximas cosechas, adelantándoles algún dinero. Ese contrato es vendido a entidades financieras que, mediante programas de cómputo, pueden estimar la variación de pecios para los próximos tres años, y obtener ganancias sobre alimentos que aún no se siembran, pero cuyos precios se encarecen artificialmente, aunque no haya escasez.

 

A esta especulación se debe hasta un 30% de aumento de precios de los alimentos, según el Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación. Las siguientes gráficas de la FAO ilustran el fenómeno descrito:

 

 

 

Así, la comercialización de alimentos se ha convertido en un sector donde se pueden obtener ganancias rápidamente, negociando contratos a futuro sobre títulos en papel de alimentos, que especulan no sobre valores reales, sino sobre ganancias a futuro. Presenciamos una colosal afluencia de capitales especulativos hacia el mercado a futuro de alimentos, que ha desatado una verdadera explosión en los precios.

 

Como advierte Martín Guédez[20], “La diferencia evidente con respecto al ámbito clásico de estos capitales especulativos es que en el mundo de las bolsas de valores el dinero significaba cifras en negro o en rojo en la macroeconomía o en todo caso en las de algún especulador, en tanto que hoy significa la muerte por hambre de miles y millones de niños, niñas, mujeres, hombres a lo largo y ancho de todo el planeta”.

 

 

•IV.           La evolución del alza de los precios del maíz.

 

Desde hace ya algunos años, la superficie mundial sembrada para producción de maíz ha venido disminuyendo para dar paso a la siembra de soya en Sur América, o a la caña y a la palma africana en Centroamérica.

Aunque han aumentado los rendimientos por hectárea, el excesivo uso del maíz para la producción de biocombustibles ha causado un desajuste entre la oferta y la demanda, y una importante reducción en las existencias finales de cada año. Esto tiene como agravante el hecho de que esta baja de existencias se produce principalmente en los Estados Unidos (EEUU), país que es responsable de casi el 70% del comercio mundial.

Las progresivas disminuciones en los stock’s de maíz en EEUU en los últimos años (Tabla IV.1.), unidas a una creciente demanda interna, en gran parte debida al uso de maíz como materia prima para producir etanol, están reduciendo las existencias y la disponibilidad de exportación, lo que necesariamente se traduce en un incremento del precio mundial del grano.

 

 

 

 

Tabla IV.1. Comportamiento anual del Mercado del maíz

 

Fuente: Wasde USDA, 2008

Hoy en día, el precio del Maíz ha tenido un comportamiento más bien de tendencia alcista (Gráfica IV.1.), considerando todos los factores analizados en el capítulo  III.

Gráfico IV.1. Evolución de los precios externos del Maíz (1990 – 2008)

 

 

Fuente: Sagpya, 2008.

El precio internacional del maíz se encuentra en un estado de alta volatilidad, constituyendo un mercado altamente inestable. En el gráfico IV.2. se puede apreciar como ha fluctuado, al alza, en el último periodo. En Enero de 2008, el precio Cbot con embarques a Marzo 2008 registraba un precio 35% menor que los embarques a Julio de 2008.

 

 

Gráfica

IV.2.

 

 

 

El Banco Mundial[21] considera que, con alzas y bajas de corto plazo, el precio de los alimentos se mantendrá alto. En la siguiente tabla establece su proyección de precios (en U$ dólares por tonelada) a siete años, utilizando como base comparativa los precios existentes en 2004. Nótese el alza de precios del maíz hasta 2009, y su progresiva y lenta declinación hasta 20015, sin llegar siquiera al precio de 2007.

 

 

 

En el anterior contexto, es importante destacar la experiencia de México que de ser un productor importante de maíz pasó a ser un importador neto, privilegiando su tratado comercial con América del Norte y abandonando el agro. Alejandro Nadal, miembro del Colegio de México (Colmex), aseguró[22] que desde que se negoció el TLCAN los funcionarios mexicanos fueron advertidos del riesgo que se corría al desatender al campo; el resultado es la dependencia de las importaciones provenientes de Estados Unidos.

Contra la predica de 13 años de Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y desmantelamiento del campo mexicano, el Secretario de Economía de México, Eduardo Sojo señaló a la Jornada, a principios de 2007, que antes se les pedía a los campesinos dejar de sembrar maíz y “migrar” a otros cultivos; “ahora necesitamos de manera urgente incrementar la producción, es claro que si no nos preocupamos en México por producir más maíz para nuestro propio consumo nos vamos meter en problemas muy pronto porque vamos a tratar de importar de un mercado que cada día va a ser más caro”.

El fenómeno tuvo efectos tangibles en Guatemala, pues una cantidad importante de maíz nacional fue exportado por la empresa MASECA a México y otra parte fue contrabandeada a dicho país, aunque no existe cuantificación al respecto.

 

Hasta mediados del mes de Julio, el maíz experimentó una subida en su cotización (precios y futuros) sin precedentes, pero a partir de esa fecha presenta una fuerte caída y tendencia a seguir bajando[23].

La tendencia a la baja se podría deber a la caída de los precios del petróleo y a que a mediados del mes de Julio el Departamento de Agricultura de EEUU publicó un informe en el que reporta que tras las inundaciones del cinturón maicero estadounidense, el tiempo ha sido muy favorable y la producción de maíz no se verá tan afectada como se pensaba inicialmente; además, informa que las previsiones meteorológicas a medio plazo serán favorables para la producción. Cabe recordar que EEUU produce el 41% del maíz mundial y con diferencia es el mayor productor y consumidor del grano. También incide en la baja del precio las noticias sobre la previsión de cosechas abundantes; Brasil, México y la UE han hecho público que obtendrán cosechas récords de maíz, cereales y otros cultivos como la soja. También ocurrirá, previsiblemente, en otros países altamente productores, lo cual ya está generando una bajada de precios generalizada de todos estos productos.

Sin embargo, la FAO advierte que al deprimirse los precios del maíz producido con costosos insumos, los productores sufrirán pérdidas, se reducirá la producción en 2009, y se iniciará una nueva escalada de precios, con graves consecuencias socio-ambientales y políticas.

El cuadro siguiente da cuenta de la evolución de precios mayoristas de maíz blanco y amarillo en Guatemala, de enero de 2002 a marzo de 2008.

 

Oxfam Internacional[24] reporta que en Guatemala el mercado del maíz está altamente concentrado entre seis u ocho intermediarios, que almacenan maíz cada año a la espera de que suban los precios. El Grupo MASECA, una única empresa que actúa como dos entidades separadas (DEMAGUSA: Derivados de Maíz de Guatemala, y MINSA: Maíz Industrializado) importó el 90% del maíz blanco del país en 2007 y casi del 95 por ciento en 2006. MASECA controla alrededor del 11 % de todo el maíz blanco disponible en el mercado guatemalteco.

 

 

•V.               Los principales efectos previsibles por la variabilidad de los precios del maíz en Mesoamérica.

 

1. Los efectos generales.

 

Las cifras consignadas evidencian una innegable tendencia alcista de los precios del maíz, con severos efectos en la población mesoamericana, ya que como se registra en el cuadro siguiente, la mayoría de hogares de países como Guatemala y Nicaragua -con mejores capacidades de producción alimentaria que El Salvador- se han convertido en compradores netos de alimentos, ya que el valor de los alimentos básicos que producen es menor que el valor de los que consumen.

 

Esta es la cuantificación de los efectos sociales y nutricionales de las políticas económicas, comerciales, productivas y alimentarias analizadas en los apartados anteriores, que para Centroamérica se concentran en los contenidos del DR-CAFTA. Para el caso de Guatemala, se importa el 98% del trigo y el 75% del arroz que se consume en el país, así como casi la totalidad del maíz destinado a la industria; en 2007 se importaron 14,365,736 quintales de maíz amarrillo y 925,408 quintales de maíz blanco.

 

A mayor dependencia de las importaciones, es mayor el impacto del incremento del precio de los alimentos, insumos agrícolas y carburantes.

 

Con las condiciones de clima, suelos, agua y capacidad productiva de Guatemala, es injustificable que -en el año 2000, antes de la escalada de precios- el 91.2% de los hogares fueran compradores netos de alimentos.

 

 

 

 

El Instituto de Estudios Agrarios y Rurales[25] sostiene que en Guatemala, “La reducción de aranceles, en el marco del Ajuste Estructural y acuerdos asimétricos como el Acuerdo sobre Agricultura de la OMC, ya ha tenido su impacto: El área cultivada de granos básicos ha descendido en una cuarta parte de 1992 a 2001[26]; y las importaciones de trigo, arroz y maíz amarillo han ascendido fuertemente y presentan una parte cada vez mayor en la disponibilidad de cada uno de esos productos (arroz: 0% de importaciones del total consumido en 1985 – 66% de importaciones del total consumido en 2002; trigo: 71% de importaciones en 1985 versus 98.6% de importaciones en 2002; maíz amarillo: 0% de importaciones en 1985 versus 36.3% de importaciones en 2002) [27].”

 

El siguiente cuadro de la FAO muestra el efecto a corto plazo en el bienestar (medido como un porcentaje de los gastos familiares) de un aumento del 10 % en los precios de los alimentos básicos. En términos de pérdida de ingresos, los resultados muestran que los hogares más pobres resultan más perjudicados por el aumento de los precios de los alimentos, tanto en áreas urbanas como en áreas rurales.

 

 

 

Estos y otros muchos datos reflejan un impacto social desastroso, que pudo verse evitado, ya que es sabido que la vida de millones de seres humanos depende de la agricultura para la subsistencia. Oxfam Internacional[28] da cuenta que la ayuda global para la agricultura ha disminuido desde un 18% del total de la ayuda oficial al desarrollo en los años 80, hasta apenas el 4% de ayuda actual. Se trata pues, de la crónica de un desastre humanitario anunciado, provocado por políticas internacionales y nacionales que dan la espalda a la agricultura, a la alimentación, al medio ambiente y al comercio con justicia.

 

El organismo internacional también sostiene que la respuesta global a la crisis provocada por el alza de precios de alimentos no ha sido adecuada. La ONU estima que se necesitan entre 25,000 y 40,000 millones de dólares para enfrentar la pandemia; sin embargo, a los países con hambrunas apenas se les prometió una ayuda de 12,300 millones en la Conferencia de la FAO, en Junio pasado. Para colmo, a finales de Octubre apenas se habían desembolsado unos 1,100 millones de dólares. ¿La muerte de cuántos seres humanos se podría haber evitado en esos cinco meses?

 

2. Los efectos específicos.

 

•a)  En Guatemala, el alza de precios del maíz -principal fuente alimenticia- incrementará la pobreza. Durante el último cuatrienio la pobreza creció, en promedio, un 1.5% anual; considerando que los hogares guatemaltecos destinan más del 90% de sus ingresos a la alimentación, el alza del precio de ésta repercutirá negativamente en la economía familiar, sobre todo tomando en cuenta que, en algunas zonas del país, el maíz reportó alzas de hasta 60% de 2006 a 2008, a precios al consumidor.

 

•b)  El incremento de precios del maíz incrementará la desnutrición y el rendimiento escolar. Guatemala ya acusa los más altos índices de desnutrición del continente, después de Haití. La alimentación básica de los pobres es el maíz que, con incrementos de hasta 60% en el precio, obliga a una menor ingesta, por la falta de capacidad económica, incrementándose la desnutrición. El II  Censo Nacional de Talla-2002, da cuenta de un retardo de talla generalizado en el país, y del incremento de la desnutrición de niños varones en la medida que crecen (de 6 a 9 años) en muchos municipios. Esto se debe, previsiblemente, a que la ración de comida es la misma, aunque el infante necesite más cada año. El incremento en la desnutrición, lógicamente, se traducirá en menor rendimiento escolar.

 

•c)   El alza de precios del maíz, la menor ingesta y la mayor desnutrición pondrán en riesgo la productividad rural del país, pudiéndose convertir en un problema de seguridad nacional para los países de la región. El maíz garantiza el 70% de las calorías de la mayoritaria población campesina mesoamericana (A. Bartra, 2001); el incremento de su precio implicará una reducción en la ingesta y en el rendimiento laboral y productivo.

 

•d)  El incremento de precios del maíz incrementará la migración. En el altiplano guatemalteco, donde la vulnerabilidad alimentaria es mayor, la mitad de los hogares rurales sobreviven gracias a las remesas, las cuales se destinan al consumo. La reducción de los envíos por la crisis financiera estadounidense y el incremento en el consumo, harán que la escasez aumente y que los jóvenes se vean tentados a emigrar.

 

•e)  El aumento del precio del maíz obligará a las mujeres rurales a trabajar más horas, ya que son ellas quienes, primordialmente, se ocupan de la alimentación, en condiciones de carestía, pobreza, exclusión y desnutrición. Hace diez años, las mujeres rurales guatemaltecas ya laboraban un 40% más de tiempo que los hombres[29].

 

•f)    La fluctuación de precios del maíz y el incremento de los insumos provocará inestabilidad en la producción, fortaleciendo el círculo vicioso de alzas y bajas. Los efectos más graves los sufrirán los productores campesinos indígenas, principalmente mujeres, ancianos y niños. Estas mismas causas, que debilitan la economía campesina,  incrementarán la disputa de tierras labrantías y agua por parte de los cañeros y palmeros.

 

•g)  El alza de precios incrementará la cadena de intermediación de comercialización del maíz, que hace cinco años ya implicaba más de 15 eslabones. A más intermediación, más especulación y mayor precio.

 

•h)  El incremento de los insumos agrícolas y la fluctuación de precios del maíz hará que los campesinos sean más dependientes de los intermediarios, ya que estos les adelantan dinero y les pagan en efectivo de manera inmediata, pero sacrificando el precio de la cosecha. Así, el productor recibirá una porción aún más reducida de la cadena de valor.

 

•i)      La concentración de la tierra y el crédito, el alza de los insumos agrícolas y el hambre, provocarán que los campesinos depauperados vendan sus tierras o dejen de arrendar y, previsiblemente, se incremente la siembra de maíz en laderas inclinadas de bosques comunales o municipales, o en áreas protegidas, haciendo que la frontera agrícola avance, con las conocidas implicaciones ambientales.

 

 

 

 

•VI.           VI. Conclusiones.

 

•1.    En Guatemala, como en el resto del mundo, el fenómeno de la seguridad alimentaria es un asunto resoluble si existiera la voluntad política del Gobierno, los empresarios y la ciudadanía organizada, traducida en una unidad de acción sólida, lo cual es una materia pendiente.

 

•2.    Los guatemaltecos contamos con una Ley y una Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, elaborada concertadamente, que aborda mucho de los problemas descritos, pero no se ha implementado cabalmente, ni se le han asignado los fondos públicos necesarios.

 

•3.    El movimiento social y el Gobierno actual recién acaban de terminar la negociación para presentar al Congreso de la República la iniciativa de Ley del Sistema Nacional de Desarrollo Rural Integral -que cuenta con su respectiva política- que busca revertir el abandono del campo e implementar el desarrollo humano rural.

 

•4.    En materia de comercio con justicia, las organizaciones sociales de Mesoamérica han presentado docenas de propuestas que han sido ignoradas por Gobiernos y empresarios. Una de las últimas es dejar los alimentos fuera de la negociación del Acuerdo de Asociación que se negocia entre Centroamérica y la Unión Europea.

 

•5.    Para enfrentar la crisis generada por el alza de los precios de los alimentos, han presentado propuestas concretas la FAO, Oxfam Internacional y Vía Campesina, de las cuales se podría articular una repuesta nacional. Hasta la fecha, las dos únicas acciones concretas que ha impulsado el Gobierno es la liberación de contingentes de alimentos importados, y la ayuda alimentaria de emergencia.

 

Guatemala, noviembre de 2008.

 

 


[1] Entidad de Estado, con participación del Gobierno, la sociedad civil y el empresariado, ponente de la Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional vigente, y de la propuesta que derivó en la actual Ley del Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional.

 

 

[2] ¿Punto final? Esteva, Gustavo. La Jornada, México. Año 25, Número 8670, 06 de Octubre de 2008.

[3] La FAO define que por subnutrición se entiende la condición de las personas cuyo consumo de energía alimentaria se sitúa de forma permanente por debajo de las necesidades mínimas de energía alimentaria para poder llevar una vida sana y realizar una actividad física liviana”.

[4]  FAO tiene el mandato de dar seguimiento a los avances en la reducción del hambre basados en métodos válidos, confiables y oportunos que miden la prevalencia del hambre, la inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad y que muestran también los cambios a lo largo del tiempo”.

[5] http://www.fao.org/es/ess/faostat/foodsecurity/index_es.htm

 

[6] Food and Fuel Prices. Recent Developments, Macroeconomic Impact, and Policy Responses. FMI, l de Julio de 2008.

 

[7] Precios de alimentos: adiós al factor China. Alejandro Nadal, México. La Jornada, 11 de junio de 2008.

[8] Evaluación de la Seguridad Alimentaria y Situación de la Nutrición a Escala Mundial. FAO, Octubre de 2008.

[9] http://soberaniapopular.blogspot.com/2008/08/alimentos-concentracin-y.html

[10] El aumento de los alimentos y la baja del dólar. Umberto Mazzei, Ginebra. ALAI-AMLATINA, 04/04/2008.

[11] En España, por ejemplo, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) calculó que los consumidores de este país pagan hasta un 600% más de lo que obtiene el productor por su producción.

 

[12] Op. Cit.

[13]  http://www.dca.gob.gt/economica.html

[14]  La inmoralidad capitalista y la crisis alimentaria. Martín Guédez. http://alainet.org/active/25038&lang=es

[15] http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/BANCOMUNDIAL/NEWSSPANISH/   

[16] http://www.forexpros.es/analysis/ 11-de-noviembre-de-2008–5220

[17] http://www.jornada.unam.mx/2008/04/29/index.php?section=economia&article=018n1eco

 

[18] Op. Cit.

[19] Ob.cit.

[20] Op. Cit.

[21] Rising food prices: Policy options and World Bank response. Banco Mundial, 2008.

[22] La Jornada, México. 10 de enero de 2007.

[23] 7 Agosto 2008 http://www.maiz.es/2008/08/07/

 

[24] Precios de doble filo. Informe N°. 121 de Oxfam Internacional. Octubre de 2008.

[25] Propuesta de Institucionalidad y Políticas Públicas para la Promoción de la Agricultura Campesina de Guatemala. Susana Gauster y Alberto Alonso Fradejas. Instituto de Estudios Agrarios y Rurales, IDEAR-CONGCOOP. Guatemala, febrero de 2007.

[26] Garbers y Gauster, CONGCOOP, 2004.

[27] Gauster y Garoz, DESCGUA/CIIDH, 2004.

[28] Op. Cit.

[29] Informe de Desarrollo Humano 1998. PNUD.

 

 

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ARGENTINA:  INVESTIGACIONES  HISTORIOGRÁFICAS.

 

El historiador e investigador argentino Omar Horacio Alcántara (amigo y colaborador de la revista Tulum), ha desarrollado una serie de investigaciones históricas sobre diversos temas. 

Algunas de sus investigaciones y documentos  le han sido publicados en la red, otros él mismo las ha hecho “ver la luz”  en el ciberespacio.

A continuación les dejamos un “enlace” para quienes tengan interés en adentrarse en uno de sus textos. 

http://elcapitanrufinosolano.blogspot.com

 

 

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4

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En torno a la reciente polémica desatada en Nicaragua, relacionada con la negativa del Instituto de Cultura de Nicaragua (ICN), de permitir que la obra del poeta Carlos Martinez Rivas fuese prologada por el escritor Sergio Ramirez, la revista “Marcaacme” ha publicado 3 artículos, de los cuales ahora les facilitamos los respectivos enlaces para quienes tengan interés en leerlos.

“Horno al rojo vivo” – Por Sergio Ramirez Mercado.

“Yo no le tengo miedo a Sergio Ramirez, Ernesto Cardenal ni a Gioconda Belli”.


“Yo también veto a Sergio Ramirez- Por Emilia Persola

 

 

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5

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 El Colegio de América, de España, nos ha enviado información respecto a diversas becas de estudio (modalidad online), y sobre los datos, contenidos y fechas de pre-inscripción para sus cursos y programas del año 2009.

-Informaciòn General –

Informaciòn General de Cursos y Programa 2009

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6

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“NO HE PERDIDO LA MEMORIA”

Escrito de Fernando López Romero

Decano de la Facultad de Comunicación Social,

Universidad Central de Ecuador.

(Facilitado por INREDH). 

 

 

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fin

 

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Revista RAF-TULUM

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